Invertir en los Estados Unidos ha sido, históricamente, una ruta natural para el empresario y el Family Office mexicano, impulsada por la cercanía geográfica, los lazos familiares y la búsqueda de un marco jurídico robusto. Sin embargo, en el entorno global actual, la seguridad jurídica de “primer mundo” no es suficiente si no se cuenta con una estrategia que armonice las realidades de ambos lados de la frontera.
Más allá de los mitos financieros
Existe una creencia común de que “lo que se hace en EE. UU., se queda en EE. UU.” o que el pago de impuestos en una jurisdicción elimina automáticamente la carga en la otra. La realidad, tras la Reforma Fiscal 2020 en México, es que la transparencia informativa y los regímenes de fiscalización han transformado las reglas del juego. Hoy, un descuido en la administración de un vehículo extranjero o una interpretación errónea de los tratados puede exponer el patrimonio familiar a contingencias graves, desde sanciones onerosas hasta asimetrías fiscales críticas.
Una colaboración estratégica
Conscientes de este reto, TCL Advisory y Buchalter han unido su experiencia para presentar “El ABC de las Inversiones en EE. UU.: Una Guía Práctica para el Family Office y el Inversionista Mexicano”. Esta guía no busca ser un manual técnico exhaustivo, sino una hoja de ruta estratégica para el inversionista que entiende que la verdadera eficiencia patrimonial reside en la simetría normativa.
A través de este análisis, desmitificamos conceptos como el Estate Tax (impuesto sucesorio) para extranjeros —donde la exención es drásticamente menor a la de un ciudadano estadounidense—, el impacto de la doble lealtad fiscal para familias binacionales y los mecanismos de retención en desinversiones inmobiliarias como el FIRPTA.
El valor de la previsión
La planeación ya no puede ser aislada. En estas páginas, el lector encontrará un marco de referencia para estructurar su capital con inteligencia, asegurando que sus inversiones en EE. UU. sean compatibles con sus obligaciones en México. Solo dominando el lenguaje de ambos sistemas se puede transformar la complejidad técnica en una ventaja competitiva sólida para las décadas venideras.